“El principal problema es la falta de empatía”, Peto Colombo a corazón abierto.
Mariano “Peto” Colombo, periodista y conductor, lleva la frase “Fuck Gluten” tatuada en su brazo derecho. Más allá de la irreverencia del mensaje, su historia es el reflejo de miles de personas que deben adaptar su vida entera tras un diagnóstico médico. En una charla profunda con Gabo Busteros en Libre de Gluten, un podcast […]
Mariano “Peto” Colombo, periodista y conductor, lleva la frase “Fuck Gluten” tatuada en su brazo derecho. Más allá de la irreverencia del mensaje, su historia es el reflejo de miles de personas que deben adaptar su vida entera tras un diagnóstico médico. En una charla profunda con Gabo Busteros en Libre de Gluten, un podcast Appto Celíacos, Peto detalló el duro proceso físico y psicológico que atravesó, y apuntó contra el sobreprecio de los alimentos y la desinformación social.
“Tengo los huevos llenos”: Peto Colombo y el costo invisible de ser celíaco en un mundo sin empatía
Por fuera del personaje televisivo, el periodista Mariano “Peto” Colombo expone la realidad cruda de vivir con un diagnóstico crónico en Argentina: precios triplicados, burocracia médica y una sociedad que todavía exige explicaciones ante un plato de comida.
En el brazo derecho de Mariano “Peto” Colombo, un tatuaje grita lo que muchos callan por educación o cansancio: “Fuck Gluten”. No es un capricho estético, sino una declaración de principios de alguien que tuvo que reconfigurar su vida entera a los 20 años. Lejos de la imagen del niño actor de La Niñera o del carismático conductor, Colombo se sienta a hablar desde la visceralidad del paciente harto. Su testimonio no busca la lástima, sino exponer la fricción constante entre el diagnóstico médico y una sociedad que aún no termina de entender de qué se trata.
La negación y el cuerpo como mapa
El diagnóstico no llegó gratis. Colombo recuerda su adolescencia marcada por síntomas que nadie lograba conectar: retorcijones repentinos, vómitos cíclicos y una falta de energía crónica que lo dejaba postrado en un sillón esperando que pasara el fin de semana. “A los 20 años pesaba 50 kilos, era muy raquítico”, confiesa.
Sin antecedentes familiares y en una época donde la celiaquía era una palabra rara, la confirmación médica fue un mazazo. “20 años de mi vida comiendo lo que yo quise, ¿por qué voy a cambiar ahora?”, se preguntaba en una etapa inicial de negación absoluta. Sin embargo, el cuerpo manda: la alimentación estricta fue la única forma de recuperar la energía vital que sentía haber perdido.
El impuesto invisible: la billetera y la empatía
Pero el verdadero desafío para Colombo no es dejar las harinas, sino sobrevivir al entorno. En la entrevista, el periodista es contundente al señalar lo que él considera el mayor obstáculo: “El principal problema de la celiaquía no es qué comer, sino la falta de empatía y la ignorancia de la gente”.
Relata con hastío las clásicas escenas del asado argentino, donde el pan se tuesta sobre la carne o donde la contaminación cruzada es vista como una exageración del comensal. “Me molesta más la falta de empatía que no tener qué comer”, dispara, recordando las veces que escuchó el nefasto “hacete macho” o “el fuego todo lo quema” ante su negativa a ingerir alimentos contaminados.
A este desgaste social se le suma la violencia económica. Colombo pone sobre la mesa los números de la exclusión: “Mis fideos salen 6.000 pesos, contra los 2.000 de alguien no celíaco”. Denuncia un sistema donde los productos cuestan el triple sin justificación y donde las prepagas exigen trámites burocráticos invasivos —como endoscopias repetidas— solo para aprobar un reintegro mensual que a menudo resulta insuficiente.
Un deseo radical
Hoy, con los análisis clínicos impecables pero con la paciencia al límite, Peto Colombo no duda en expresar su fatiga. “Tengo los huevos llenos”, admite sin filtros. Su deseo final, paradójico y brutalmente honesto, resume su lucha: “Sueño que el mundo entero sea celíaco”. No por maldad, sino por una necesidad desesperada de igualdad: “Para que empaticen y para que, por fin, todos podamos comer de todo sin miedo”.
Dejar un comentarioquestion_answer